martes, 11 de enero de 2011


Se levantó, casi chocándose con la puerta del baño; entró. Se lavó la cara y pudo ver el paso del tiempo en esas grietas profundas. Agarró una de sus cremas y masajeó su rostro suavemente, resignada.
La puerta se abrió lentamente, sólo se veía una cabellera negra, por debajo..Una sonrisa inmensa, incontenible, ante su nietita que tiraba del camison pidiendo upa.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Es simple, hay cosas que me joden.



Quería meter la cámara adentro de la paella, esos langostinos casi que me hablaban...hipnotizada no podía parar de mirar.
Es extraño lo que me pasa con esos bichitos, porque en general no puedo comer nada que tenga los ojos ahi, observandome en este caso desde el mas lejano océano del mas allá, donde todos los mariscos y moluscos que fueron buenos con su familia descansan en paz.
Bueno estoy lista, no me importa nada, quiero comerlos con las manos sin ayuda de ningún utensilio creado por el hombre. Quiero acercarlos a mi cara, sentir el aroma, ensuciarme las manos, que chorree el jugo de esos bichitos exquisitos por mis dedos.
No conseguiamos mesa y el corazón que se me aceleraba. Siempre fui iracunda, y algunas cosas como estas, sin aparente complejidad me hacen transpirar las manos y apretar los dientes...y peor si tengo hambre!
El mercado con sus puestos estaba más animado y vivo que nunca, pero también llenísimo de turistas. Gente hablando en todos los idiomas y en el caso yanki, gritando obviamente. Ay como me molestan esos yankis se creen dueños del mundo! Bueno, avisé que estba de mal humor, che.
Ya empezaba a impacientarme del todo, hasta que a él se le ocurre ir pidiendo una cerveza. Helada, en vaso de vidrio, servida tirada..y todo alrededor se calló. Silencio absoluto, paz e inmensa felicidad...Después llegaron los mariscos y ya el éxtasis fue completo. Sonrío, y hecha una seda, estoy lista para seguir caminando.

martes, 5 de octubre de 2010

De como la esencia nos subyace



Ellos con cincuenta años de casados y una vida feliz por momentos (más no existe, no jodamos) decidieron ir al museo movidos por esas ganas de no volverse chatos, de que el tiempo no les quite la capacidad de ver y disfrutar de una buena pintura. Siempre compartieron ese amor por el arte pictórico pero ahora también comparten ese miedo a la pérdida de sus capacidades intelectuales. Algunos amigos, un par de hermanos más grandes y ni que hablar de sus padres, están ya todos muertos.
Hoy, con sus hijos grandes, ya nadie más depende de ellos (más que el uno del otro). Ninguno quiere morir último, porque al fin y al cabo quedarse sólo es peor que la parca misma. Y el amor que se profesan no puede con eso.
Se sentaron a observar el cuadro, él absorto en vaya a saber uno qué... Con la mirada melancólica, de repente empieza a hablar de una casa de su infancia, de sus perros que están en el patio. Del olor a asado..
Ella asustada: - Viejo, qué decís che?!
- Nada, que extraño eso. No es demencia es sólo mi tango que suena fuerte.

lunes, 30 de agosto de 2010

La caja de las llavecitas


Heredó ese mueble del abuelo, que lo tenía como una reliquia en el lugar central de su living. Cada vez que íbamos a esa casa fantaseabamos y fabulabamos miles de historias.
Eramos en total cinco primos y al final, el abuelo (no sabíamos bien en ese momento por qué) se lo dejó a Tomás. Yo estaba contenta porque mi abuelo, que era un tipo muy sensible y perceptivo me había dejado su colección de libros de papel biblia. Todos los clásicos de la literatura, sabiendo que la lectura es mi refugio.
Tomás llevó "la caja con llavecitas" (asi le deciamos de chiquitos) a su casa y decidió ponerla en el vestíbulo.
Siempre fue un misterio el orden de los números, que van correlativamente hasta encontrarse de repente, por ejemplo, con un 182 entre el 150 y el 152. Pero se nos presentaba una incógnita aún mayor con respecto a los casilleros abiertos y a los cerrados. Mi abuelo tenía una bolsita de tela donde conservaba todas las llaves, salvo dos: justamente las que abrian el casillero 180 y el 182. Mi abuelo decía que cuando lo compró en una feria, el vendedor le dijo que no las tenía.
Tomás se empecinó en querer abrirlos y consultó a un cerrajero. Éste le dijo que de ninguna manera iba a arruinar un aparato tan antigüo y se fue así nomás.
Entonces, mi primo empezó a llenar los demás compartimentos con cositas, chucherías. Uno contenía flores secas, en otro unos anillos que pertenecían a la abuela, en otro una lapicera que le regalaron cuando terminó el secundario. También tenia en otro casillero un pañuelito negro que compró mi tía cuando murió el abuelo, en otro un escarpin de su hijita..
Pasó un tiempo, y Tomás hablaba una y otra vez de sus ganas de abrir los casilleros trabados. Los primos compartíamos esa curiosidad pero en Tomy parecía transformarse en desesperación. Tanto, que cada vez que hablabamos del tema, transpiraba, agitaba sus manos y un temblor incesante lo invadía.
Fue entonces cuando decidió abrirlos a la fuerza. Con la ayuda de una herramienta comenzó a golpear la pequeña cerradura tratando de abrir el 180. Tanto golpeó que logró abrirlo.
Acercó su cara y espantado pegó un salto hacia atrás. Cucarachas y arañas salieron en todas direcciones, junto con un olor nauseabundo.
Ya había llegado hasta ese punto y no quería retroceder, tenía que abrir el otro.
Empezó a golpear, y éste ofreció más resistencia. Golpeaba y golpeaba..Hasta que por fin cayó la cerradura al piso. Adentro, una notita de puño y letra del abuelo que decía: "Tomy, decidiste desenterrar tu infierno, tus miedos, tus límites. Esa culpa que tiene un olor insoportable, que está llena de bichos, tiene que ser curada de una vez por todas. Es tiempo de pedir perdón".
Al contarnos la historia, Tomás lloraba desconsolado. Al fin dijo: "El abuelo, tan sabio, me mandó ese mensaje. Esa culpa a la que se refiere en la nota tiene que ver con mi pasado, con la estafa a mi socio y amigo de toda la vida. Ante la quiebra irremediable de la empresa, yo me quedé con cosas de ambos. Ya no se que es realidad y que es sueño...Sólo se que esa caja es mi cabeza."

viernes, 13 de agosto de 2010

La feria



El día estaba cálido y diáfano, y yo que caminando por una feria de antigüedades y ropa, iba totalmente absorta en mi mundo. Mi cabeza le daba vueltas y vueltas al mismo asunto, y me sentía ya en ese punto atrapada como en un laberinto. Eso que te conté el otro día, te acordas?? Bueno, seguía sin ver la respuesta.
Mi actitud, si me hubieras visto en ese momento, era de indiferencia total. Viste cuando vas caminando así, y sí, sacaba algunas fotos pero mi mirada estaba perdida, solo apuntaba al horizonte. Rodeada de gente, sin embargo, estaba sola. Te pasa?
Prendo otro cigarrillo y decido sentarme un poco. Ahi justo enfrente del banco habia un puestito con mucha ropa, y un perchero. Éste el de la foto, ves los colores? Preciosos.
Ahi nomás mi cabeza dejó de lado esos fantasmas y encontré la salida que estaba esperando...simplemente respirar, relajarme y saber que mi cabeza me traiciona, me enrosca e intenta asfixiarme como una serpiente gigante, fue suficiente para hacerla desaparecer. Quizás no llegue a solucionar el tema o si, por ahora me concentro en los colores.

lunes, 19 de julio de 2010

Chipirones salteados


El mediodía en el Mercado de la Boqueria, en Barcelona es agitado. Los fines de semana crece el número de personas dando vueltas, comprando, mirando las verduras, pescados, especias, fiambres y demás exquisiteces.
Hay un restaurant ahí mismo, en una esquina del mercado donde se pueden comer mariscos y tortillas. Nos sentamos luego de esperar un poco (hay que avisarle al "capo" quien te pregunta cuantas personas y sin anotar nada, recuerda el orden de llegada y ni bien se desocupan lugares, hace una seña desde lejos para que te sientes).
El griterío es intenso y solo trabajan hombres. Cada uno tiene una función; el que está en la plancha cocinando los mariscos, el que sirve las bebidas, el que sirve el café, etc. Todos vestidos de blanco, limpios e impecables.
Sentados en la barra pedimos una cerveza y un plato de marsicos y uno de setas (hongos) saleteadas. El sabor de los bichitos, (bien frescos) más el de los hongos, salteados tan simplemente con aceite de oliva y perejil y ajo, explota en la boca.
Al lado nuestro, dos hombres grandes (de unos 65 o 70 años) piden una cerveza y en plena charla piden sus platos. Sin quererlo, me quedo escuchando su conversación ayudada por el alto tono de la discusión. Eran amigos segurmente y charlaban y discutían sobre un pariente de alguno que se habia portado bastante mal con la familia del otro amigo, un lío de plata...
La conversación estaba cada vez mas alta cuando, el mozo apoya el plato en la barra, diciendoles: su plato! Los dos callados miraron el plato y comenzaron a comer. No volvieron a hablar del tema y empezaron a reir y a brindar varias veces.
Al terminar, se despiden con un abrazo, y cada uno toma su camino. El señor mas bajito se da vuelta y le grita: amigo! déja que eso lo resuelvan entre ellos! Nos vemos el sábado que viene.

martes, 8 de junio de 2010

Mi Argentina querida..



Mi ausencia por estos lados se debió a unas esperadas vacaciones por el viejo mundo...Ando preparando un post con alguna fotito de las tantas que saqué...pero este es mi homenajito al bicentenario, festejo que me perdí lamentablemente.
Viva la patria!

lunes, 3 de mayo de 2010

Ensayos de percusión


Hace unos meses empecé a estudiar batería. Siempre tuve ganas de hacer algo de música, y si bien me sentía incapaz, decidi lanzarme a la aventura y arriesgar mi autoestima, orgullo y voluntad. Todo eso significaba empezar a golpear tambores.
Es algo extraño lo que pasa con “hacer música”. Es un espacio de concentración, de meditación… porque al entrar ahí, una dimensión nueva se me presenta, donde no existe el trabajo, problemas ni dilemas existenciales. Todo se resume a intentar que algo suene bien (o no demasiado mal).
Siento los golpes adentro mío y los órganos bailan al compás. El alma se me ensancha pero ni me importa…la música me invade..y siento mi cara sonreir.

viernes, 23 de abril de 2010

Iluminación


Sentado observa la perfección que logró el levado. El aroma inunda la cocina y se extiende hasta el resto del local. El perro, desde la puerta mueve la cola esperando aunque sea un pedacito, y sonrie. Apaga finalmente el horno que ya logró calentar este invierno.
Por un rato el mundo no existe, todo se detiene o sigue, pero a él no le importa. Sirve el vino en la copa de cristal, y el sonido le llega hasta la corronilla extiendiéndose un mínimo instante. Todavía caliente, elije uno de los panes y lo parte en dos.
La felicidad se hace inmensa, y piensa en lo que vale su trabajo. Hoy, él como los clientes disfrutarán del pan que con sus manos cocinó. Hay algo que no cambia con el paso del tiempo… y es la necesidad de comer, de alimentarse para seguir viviendo. Él lo sabe y su llegada a este mundo de repente se encuentra justificada con este producto.
Toda la vida buscando y pensando, sientiéndose poca cosa, matándose por lograr unos pesos más…Todo eso quedó ahora atrás.
Junta sus cosas y cierra la cortina metálica. Luego de convidar al perrito, salen los dos caminando por San Telmo. Al llegar a su casa vacía, extraña a su mujer y acaricia su retrato. Mira a su compañero canino...Ya puede irse tranquilo.

lunes, 19 de abril de 2010

El recuerdo de la brisa


Un fresquito típico de las siete de la tarde corre y mueve las copas de los árboles. Mirando al horizonte, esas nubes de colores, las sierras a lo lejos, entro en estado meditativo. Luego, cámara en mano empiezo a buscar la imágen. Contrario al instante previo, busco el detalle en la estaca que sostiene el alambrado. El contraste con el fondo y el límite que impone me maravillan.
Hoy lo que recuerdo es aquel paisaje, el fondo, nitido en mi cabeza, que aparece difuminado en la foto.
Es bien sabido que uno recuerda ciertas cosas y otras decide dejarlas en algún recondito espacio dentro (o fuera) de la cabeza. Mis pensamientos se remontan en un 90% a cosas felices..lo malo queda atrás y el único alambrado que me ayuda es la mente.